Resultó que un dia, en el que el alcohol me armó con la valentia que me faltaba, le pregunté. Le dije que por que no queria operarse, que todos sabíamos que podia hacerlo y no lo hacia, y que yo queria saber porqué, que no lo contaría, pero que me dijera por que no queria tener cara.


Cuando oí su respuesta se me heló la sangre.


Recuerdo cómo deje de respirar.


Se solidificaron mis musculos.


y,


desde entonces,


jamás volví a quedarme a solas con él y siempre traté de evitar estar cerca.


pero ya prometi que no lo contaria.